Un poco de historia
El Paseo del Filósofo sigue un canal secundario del acueducto del Lago Biwa, construido a finales del siglo XIX para llevar agua desde el lago hasta Kioto. Con el tiempo, sus orillas se llenaron de cerezos, y la ruta se volvió un lugar de caminata tranquilo dentro de la ciudad.
Le debe el nombre a Nishida Kitarō, uno de los filósofos japoneses más influyentes del siglo XX y fundador de la llamada Escuela de Kioto. Se dice que caminaba este sendero todos los días, meditando, de camino a dar clases en la Universidad de Kioto — de ahí Tetsugaku no Michi, "el camino del filósofo".

Qué ver en el paseo
No hay un recorrido fijo: es una caminata en línea recta junto al agua, de unos 2 kilómetros, entre el santuario Heian (extremo sur) y Ginkaku-ji (extremo norte). Esto es lo que no te puedes perder en el camino.
El canal y sus flores de cerezo (sakura)
Cientos de cerezos, casi todos de la variedad someiyoshino, bordean el canal a lo largo de todo el paseo. Cuando abren, a finales de marzo, forman un túnel rosa sobre el agua — es una de las postales más fotografiadas de Kioto en temporada, y con razón: el reflejo de las flores en el canal es distinto a cualquier otro punto de la ciudad.

El santuario Otoyo y sus ratones guardianes
A medio camino, una pequeña desviación lleva al santuario Otoyo (Ōtoyo Jinja), escondido entre los árboles. Es chico y poco visitado comparado con los grandes santuarios de Kioto, pero tiene un detalle que no vas a ver en ningún otro lado: en vez de los leones komainu que custodian la mayoría de los santuarios sintoístas, aquí el templete de Ōkuni-sha está guardado por estatuas de ratones, en honor a la leyenda que salvó al dios Ōkuninushi.

Los rincones del camino
El resto del paseo es una colección de pequeños detalles: estatuas de Jizō con sus bandas blancas de tela junto al camino, cafés diminutos con dos o tres mesas, tiendas de artesanías y, con algo de suerte, algún gato tomando el sol sobre una barda. No hay que buscarlos con prisa — son parte de lo que hace agradable la caminata.


Tips para tu visita
- Si vas en temporada de cerezos, madruga. El paseo se llena rápido entre las 10 de la mañana y el atardecer; antes de las 8 todavía se puede caminar con calma.
- No te saltes el santuario Otoyo. Está apenas a unos pasos del canal, pero como no tiene ningún letrero grande, mucha gente pasa de largo sin verlo.
- Conéctalo con el santuario Heian. Queda a pocos minutos caminando desde el extremo sur del paseo, así que es fácil combinar las dos visitas en una misma mañana.
- Lleva efectivo en yenes si piensas parar en alguno de los cafés pequeños del camino — varios no aceptan tarjeta.
