Un poco de historia
El mercado de Tsukiji nació en 1935, después de que el terremoto de Kantō de 1923 destruyera el viejo mercado de pescado de Nihonbashi, y durante más de 80 años fue el mercado de mariscos más grande del mundo: el lugar de las legendarias subastas de atún que arrancaban antes del amanecer. En 2018, la parte mayorista —las subastas, las bodegas, la venta al por mayor— se trasladó a instalaciones nuevas en Toyosu, a unos kilómetros de ahí.
Lo que no se movió, y lo que en realidad siempre fue la parte que más disfrutaba el visitante, es el mercado exterior: unas 300 tiendas y puestos que siguen exactamente donde han estado por décadas, entre callejones angostos que huelen a mar y a plancha caliente desde temprano. Es la razón por la que Tsukiji sigue en todos los itinerarios de Tokio, con o sin subastas.

Qué comer en Tsukiji
La lógica de Tsukiji es ir probando poco a poco: nadie va a "un restaurante", vas picando en varios puestos hasta quedar satisfecho. Estas son las paradas clásicas.
Sushi y mariscos de desayuno
La razón principal por la que la gente madruga para venir: piezas de sushi cortadas al momento, ostras frescas y erizo de mar (uni) servidos directo del mostrador, muchas veces de pie frente al mismo puesto donde los prepararon. Los precios varían mucho de un local a otro, así que vale la pena asomarte a dos o tres antes de decidir.


Tamagoyaki recién hecho
El tamagoyaki es un omelette japonés ligeramente dulce, cocinado en capas hasta formar un bloque esponjoso — y en Tsukiji hay puestos que lo llevan haciendo por generaciones, con la plancha a la vista de todos. Se vende en trozo, ensartado en un palito, ideal para comer caminando entre puesto y puesto.

Brochetas de mariscos a la parrilla y fresas con mochi
Entre los puestos de sushi hay toda una segunda categoría de antojitos: brochetas de pulpo, vieira y camarón asadas justo frente a ti, y el infaltable puesto de fresas cubiertas de mochi, dulces y suaves, perfectas para cerrar el recorrido con algo que no sea pescado.

Más allá de la comida
Tsukiji no es solo comida: entre los puestos de desayuno hay tiendas de cuchillos de cocina hechos a mano —algunas de las más reconocidas de Japón—, comercios de té y varias que se especializan en katsuobushi, las virutas de bonito seco que son la base del caldo dashi en casi toda la cocina japonesa. Son buen lugar para un souvenir con más carácter que el típico llavero.
A un paso del mercado, casi sin que lo esperes, está el templo Tsukiji Hongan-ji: por fuera parece un templo hindú o del sudeste asiático más que uno budista japonés, con su fachada de piedra e influencia arquitectónica de la India. Vale la pena asomarte cinco minutos aunque no sea la razón por la que viniste.
Tips para tu visita
- Llega entre 8 y 10 de la mañana. Es cuando los puestos están en su mejor momento y todavía no se hacen las filas largas de mediodía.
- Lleva efectivo. La mayoría de los puestos no acepta tarjeta, y varios ni siquiera aceptan pagos móviles.
- Se come parado, ahí mismo. En la mayoría de los puestos no hay mesas ni se camina comiendo por respeto a los demás comerciantes: compras, te haces a un lado y comes junto al puesto.
- Combínalo con Ginza. Está a solo 10 minutos caminando, así que un buen plan es desayunar en Tsukiji y seguir la mañana paseando entre las tiendas departamentales.

