Un poco de historia
El Palacio Imperial de Kioto fue la residencia de los emperadores de Japón durante más de mil años, desde que la ciudad se convirtió en capital en el año 794. Aquí vivió la corte imperial hasta 1869, cuando el emperador Meiji se mudó a Tokio tras la Restauración Meiji y esa ciudad se volvió la nueva capital.
El edificio que ves hoy no es el original: el recinto se incendió varias veces a lo largo de los siglos, y la reconstrucción actual es de 1855. Durante generaciones, entrar requería pedir permiso por escrito a la Agencia de la Casa Imperial; desde 2016 el recorrido es de acceso libre y sin reservación, así que hoy cualquiera puede caminar por los mismos patios que pisó la corte durante siglos.

Qué ver
El Palacio Imperial en realidad son tres visitas en una: el recorrido a pie por el recinto amurallado, el parque nacional Gyoen que lo rodea, y —si tienes un poco más de tiempo— la residencia Kan-in no Miya, en una esquina que casi nadie pisa.
El recorrido del palacio
El Shishinden es el salón más importante del recinto: aquí se celebraban las ceremonias de entronización de los emperadores, incluidas las de las eras Taishō (1915) y Shōwa (1928), antes de que la tradición se trasladara a Tokio. Techos de corteza de ciprés, pilares de madera natural y una escalinata central que solo cruzaba el emperador — la arquitectura sigue el estilo del periodo Heian, sin ornamentos dorados: la sobriedad es la seña distintiva del gusto imperial de Kioto.

Antes de salir, la ruta pasa por el Oikeniwa, un jardín de paseo con un estanque, islas de piedra y el puente Keyakibashi cruzando el agua — el contraste perfecto entre la solemnidad de los salones y la calma de un jardín japonés clásico.

El jardín nacional Gyoen
El palacio está rodeado por el Kyoto Gyoen, un parque nacional que funciona como el gran pulmón verde del centro de Kioto. A diferencia del recinto del palacio, aquí no hay horario ni control de acceso: está abierto las 24 horas, los 365 días del año, y la entrada es gratis.
En primavera es de los mejores lugares para ver flores de cerezo (sakura) sin las multitudes de Maruyama-kōen o el Paseo del Filósofo — sobre todo alrededor del cerezo llorón cerca de la Kan-in no Miya, uno de los árboles más fotografiados del parque.

A finales de febrero y en marzo, antes de que abran los cerezos, los ciruelos también florecen por todo el parque, y es habitual cruzarte con familias de picnic y gente en kimono de renta aprovechando el ambiente.

La residencia Kan-in no Miya
En la esquina suroeste del Gyoen, casi escondida, está la Kan-in no Miya, la antigua residencia de una de las ramas colaterales de la familia imperial. Es de las paradas menos visitadas del parque —la mayoría de la gente pasa de largo camino al palacio— pero vale el desvío: salas tradicionales con paneles shoji, instrumentos de música cortesana en exhibición y un jardín de musgo diminuto y silencioso que se siente a kilómetros del bullicio de Kioto.

Tips para tu visita
- No hace falta reservar nada. Antes era todo un trámite con la Agencia de la Casa Imperial; ahora simplemente llegas y caminas la ruta marcada.
- El Gyoen y el palacio tienen reglas distintas. El parque está abierto siempre y es gratis; el recorrido del Shishinden, en cambio, tiene horario fijo y cierra los lunes — revisa el calendario antes de ir si tu día cae en uno.
- Lleva zapatos cómodos. Todo el recorrido es al aire libre y sobre grava, y entre el palacio y el jardín fácilmente caminas un par de kilómetros.
- Combínalo con el castillo Nijō. Está a 20 minutos caminando hacia el oeste, y como el Palacio Imperial se visita rápido, los dos caben cómodos en la misma mañana.
