Cómo funciona el transporte en Japón
Si es tu primer viaje, piensa el transporte como tres decisiones que se toman en orden, y todo se acomoda solo.
La primera es el día a día dentro de cada ciudad: el metro, los trenes locales y el camión. Para eso compras una tarjeta IC (Suica o Pasmo si aterrizas en Tokio, ICOCA si es en Kansai) y la usas para todo, tocando al entrar y salir de cualquier estación. Cárgale una vez y ya no vuelves a pensar en boletos sueltos para moverte dentro de la ciudad.
La segunda son los saltos largos entre ciudades, y ahí entra el shinkansen: el tren bala que conecta Tokio, Kioto y Osaka en cuestión de horas, tan puntual que puedes armar conexiones al minuto. Es cómodo, es rápido y cuesta lo que cuesta un vuelo corto, así que conviene decidir con calma cómo lo vas a pagar.
Y al final viene la tercera, la que más dudas genera: el JR Pass. No lo compres por costumbre ni porque todos los blogs lo recomiendan de entrada: primero saca la cuenta. Súmale lo que vas a gastar en shinkansen pagando por tu cuenta y compáralo contra el precio del pase según tus días de viaje. Si tu ruta es corta, casi siempre ganan los boletos sueltos; si le metes más ciudades y trayectos largos, el pase empieza a tener sentido.
¿Y Uber? Taxis y apps en Japón
En México, pedir un Uber o un DiDi es la forma barata de moverte por la ciudad. En Japón la lógica se invierte: lo barato y lo normal es el tren, y el taxi es el gasto ocasional. Uber sí existe allá, pero funciona distinto a como lo conoces: la ley no permite conductores privados, así que la app te manda un taxi con licencia y te cobra tarifa de taxi. La app que usan los japoneses para lo mismo se llama GO, y hace exactamente eso: llamar un taxi normal a donde estés.
Los taxis japoneses son impecables y el servicio es de otro planeta, pero se paga: el banderazo en Tokio es de ¥500 (unos $55 MXN) por el primer kilómetro, y de ahí el taxímetro sube rápido; entre las 10 de la noche y las 5 de la mañana la tarifa además aumenta 20%. Un trayecto corto que en México pedirías sin pensarlo, allá te lo piensas dos veces.
¿Cuándo sí vale la pena? Cuando se te fue el último tren, cuando andas cargando maletas grandes, o cuando van tres o cuatro personas y dividen la cuenta. Y un detalle que sorprende a todos la primera vez: la puerta trasera del taxi se abre y se cierra sola. No la toques, el conductor la controla desde su asiento.


